La guerra Eterna

Escrita por Marcelo Carter

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El capitán era trasladado por el soldado en la motoneta a toda velocidad por el camino de asfalto en la ciudad bombardeada. Era un camino angosto y oculto a la vista, ideal para poder llegar del punto Bravo (Iglesia) al Delta (Puente) en poco tiempo. Una vez en el lugar de destino la motoneta no frenó de lleno tan solo redujo la velocidad y el capitán se bajó del vehículo con un ágil movimiento. Luego apuró el paso y llegó donde el ingeniero quien se guarecía tras la ruinas de un tanque incendiado.

-Soldado ¿Cuáles son las novedades?- preguntó el capitán agachándose junto a él.

-Cuentan con mayor fuego aéreo, capitán. Dos helicópteros enemigos se dirigieron hacia Eco.

-Mierda. No podremos resistir mucho más.- Dijo el capitán mientras comprobaba las dos granadas incendiarias que traía consigo.-Tenemos 5 bajas desde el último apagón.

-¿Cinco bajas, capitán?- Preguntó el ingeniero sintiendo un escalofrío por su espalda. Luego empuñó su arma con nerviosismo y volvió a depositar su mirada hacia el horizonte crepuscular frente a ellos.- ¿Qué clase de arma es esa, la que causa los apagones?...

-Tranquilo, soldado.- Dijo de pronto el capitán.

-Conozco lo que puede hacer el enemigo, capitán, pero esto… bueno, me he puesto a pensar ¿sabe? Y creo que debe existir otro tipo de ingeniería en esto. Deben estar ocupando algo nuevo… algo que también se mete en nuestras cabezas.

-Soldado.- le interrumpió de pronto el capitán.- Necesito que permanezca concentrado ¿me entiende? Ya podremos hablar sobre los apagones, pero por ahora tengo un batallón entero aterrorizado por lo que está sucediendo. Necesito que me ayude.

El soldado asintió desanimado. Todos sabían lo que estaba ocurriendo, pero nadie quería hablar sobre ello, mucho menos el capitán que hacía lo posible para mantener su batallón unido y evitar posibles deserciones. Luego de algunos minutos el capitán y el ingeniero regresaron a pie al punto Bravo que era el más alejado del enemigo. Al llegar el capitán advirtió que todo su batallón (un total de 6 hombres) se encontraba refugiado en la iglesia, dejando completamente abandonado el punto Delta. Algunos soldados de rodillas rezaban a una estatua de la virgen que estaba sucia y media rota.

-¿Qué diablos creen que hacen? ¡A sus posiciones ya!- Ordenó el capitán.

Pero unos pocos lo miraron con temor, el resto ya sentía que todo era inútil y no iban a hacer caso a ninguna orden. El capitán advirtió que se estaban rebelando.

-¡Sargento! Dígales que en 5 minutos volveremos al Puente, o el enemigo nos va a acorralar.

-Lo siento capitán, pero… ya no vamos a seguir más sus órdenes.- Respondió el teniente sentado apoyándose sobre una de las paredes en la entrada de la iglesia.

-¿Acaso perdió la razón, teniente?- preguntó el capitán quitándose el casco.

-Capitán. No tiene caso seguir fingiendo como si nada pasara…- le dijo de pronto uno de los soldados.- ¿Acaso recuerda cuánto tiempo llevamos en esta guerra? ¿Recuerda cuánto tiempo llevamos peleando con el enemigo y por qué razón estamos peleando?

-Ya nadie puede recordarlo, capitán.- Dijo otro de los soldados.- No tiene caso seguir órdenes, mientras esté pasando esto.

-¿Pues qué es lo que está pasando?- Preguntó el capitán exasperado.-¿Encontraron ya a la respuesta? ¡¿Eh?! Afuera hay un enemigo empeñado en ganar esta guerra y en aplastarnos ¡Y lo están logrando! En solo minutos vamos a perder Delta y deberemos quedarnos aquí a defender el único lugar que tenemos. Y para cuando vengan encontrarán a un montón de hombres arrodillados rezándole a una virgen. ¿Así es como quieren morir?

-Siento que ya hemos muerto miles de veces…- Comenta de pronto el médico del batallón.- Quizás lo hicimos y somos un montón de fantasmas que vagan atrapados en una guerra eterna… sin fin.

-Muy lindo, soldado. Ahora cierre la boca.- Le dijo el capitán.

-Atrapados…- comentó el ingeniero de batallón quedándose en las palabras dicha por el médico.- Sí. Esa es la sensación. ¿Saben? Estuve pensando las últimas horas sobre todo esto y mi teoría es que el enemigo está probando un arma nueva y extraña. Una clase de arma desconocida que ataca la mente. Causa amnesia, confusión y otra clase de trastornos. Cada vez que ocurren esos apagones perdemos la consciencia y luego otra vez estamos en el campo de batalla dirigiéndonos a algún lado.

-¿Pero por qué? ¿Con qué propósito? ¿Por qué no nos matan y ya?- Preguntó otro de los soldados.

-No lo sé…- respondió el ingeniero acariciándose la barbilla.- Es lo único que me falta por descubrir. Sin embargo aquí estamos de nuevo, peleando en una guerra que nadie sabe cuándo partió y que nadie sabe cuándo realmente va a terminar. – El ingeniero se puso de pie y se acercó al Capitán, quien escuchaba toda la conversación de brazos cruzados dándole la espalda a su batallón.- Estamos atrapados aquí, Capitán. Usted lo sabe, y no vamos a seguir peleando.

Hubo un breve instante de silencio en el que el ingeniero esperaba alguna respuesta, pero el capitán no protestó en lo absoluto. El hombre dio la media vuelta y se fue a sentar al mismo sitio de antes, fue ahí cuando el capitán recién contestó.

-¿Recuerdan a ese soldado de nombre raro que nos hacía reír porque no sabía manejar un tanque? Se subía y lograba avanzar dos metros. Luego se bajaba para seguir a pie.- Dijo el capitán sonriendo con cierta emoción.- Era un buen chico. Comprometido con su batallón. Una vez estuvimos solos él y yo defendiendo la posición del puente. Éramos nosotros dos contra doce hombres del enemigo, sobrevivimos de milagro. Después del último apagón simplemente desapareció, el enemigo lo tomó prisionero seguramente en algún lugar o lo acribillaron mientras estaba inconsciente, qué se yo. Y así como él varios soldados han dejado de estar con nosotros… todo después de los apagones…

El capitán dijo eso y luego indicó con su dedo índice hacia un punto en el horizonte en donde el anaranjado cielo crepuscular comenzaba lentamente a tornarse negro, poco a poco el paisaje iba desapareciendo y la negrura de la nada y la inconsciencia se iba acercando a ellos. Los soldados boquiabiertos no querían sobrevivir a otro apagón más. Pero estaban condenados, se miraron asustados mientras el capitán terminaba su charla:

-Lo único que sé es que vamos a volver, y yo seguiré siendo capitán en esta guerra sin sentido una y otra vez… y algo me dice que todo acabará cuando acabemos con el enemigo, ya no me importa usen las armas que usen. Les juro que cuando volvamos después de este apagón… ¡¡voy a ganar esta maldita guerra!!

Su última declaración se confundió con el alarido de horror proferido al desvanecerse por completo. Todo fue borrado, todo se fue a negro. Todo dejo de existir… al menos por aquel momento.

-¡Martín a comer! ¡Es segunda vez que te llamo!- gritó la madre desde el primer piso al muchacho que se encontraba en su cuarto jugando un videojuego.

-¡Sí, ya te oí! ¡Ya bajo!- El chico terminó de apagar la consola. Extrajo el disco y lo guardó en su caja plástica. Luego lo arrojó sobre la cama mientras bajaba corriendo a comer. Seguramente para después o quizás a la noche jugaría otra partida, pero mientras tanto sobre la cama y en el más absoluto abandono le esperaba su adorado videojuego de guerra.


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